"Me dio positivo, y ahora... qué?"
La noticia del embarazo impacta, emociona, asusta y moviliza al mismo
tiempo. Distintas y contrarias sensaciones, sentimientos y fantasías empiezan a movilizarse en la mente de los futuros padres... todo parece
cambiar y resignificarse a partir de ese instante en que "da positivo".
Y digo impacta, porque la visión de las dos rayitas rojas representa un
enorme alivio psíquico ya que muestra en lo concreto que se es capaz de generar vida, confirmando así la propia FERTILIDAD, satisfacción
narcisista que alcanza dimensiones inimaginables.
Si bien el embarazo representa un cambio de estado, una modificación para la vida individual, simboliza al mismo tiempo una
promesa: promesa de continuidad, ilusión de plenitud.
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No todo es color de rosa?
Una de las angustias básicas del ser
humano es la de la propia finitud.
Para superarla el hombre buscará "trascender, perdurar a través del tiempo"; esto lo
lograría básicamente a través de su descendencia, ya que el que tiene hijos
se prolonga a través de ellos; se sigue existiendo más allá de la propia
vida. Pero no siempre todo es color de rosa... vómitos, mareos, sueño,
estreñimiento... caracterizan el primer trimestre. Aparecen múltiples sensaciones
displacenteras que contradicen literalmente la frase popular de la "dulce
espera".
Se empiezan a despertar y a agitar fantasías en torno al futuro y al pasado, iniciándose así, un silencioso proceso de asimilación y
acomodación a este nuevo estado. Estado extraño, novedoso e impredecible, que trae aparejados
sentimientos de despersonalización y extrañamiento, donde la mujer se desconoce a sí misma.
Aparece la angustia. La angustia es la reacción afectiva ante un peligro.
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¿Cuáles son los peligros que la mujer
embarazada teme?
El temor al desamparo, a la pérdida, a lo desconocido, al futuro... La mujer llega al embarazo con una historia dada, con una personalidad y
un determinado estilo para hacer frente a la realidad. El embarazo suele
encender conflictos psíquicos latentes establecidos mucho tiempo atrás.
El embarazo es un estado crítico donde la mujer necesita amparo y protección. Se da en ella una "regresión a la infancia", es decir que se
despiertan angustias muy tempranas y se reactualizan situaciones de desamparo y al mismo tiempo deseos y fantasías de aquella época.
Resurgen temores muy primarios que la hacen sentir "indefensa". Al igual
que el bebé recién nacido que imprevistamente ha perdido su lugar de equilibrio y placer dentro de la panza calentita de la mamá, se ha
separado de ella y su mundo, en minutos, se le vuelve caótico, desconocido, y extraño. El nacimiento es para Freud el "modelo básico
de la angustia"; ésta vuelve a resurgir en situaciones críticas de la vida
del sujeto.
En el consultorio suelo escuchar ciertos temores y fantasías tales como:
temor a perder la independencia, los logros profesionales adquiridos, el
trabajo, el estilo de vida; temor con relación a la capacidad de ser " buena madre" (en relación con la experiencia vivida como hijas), a no
saber cuidarlo en la panza, a abortar, temor a la pérdida de amor del marido (debido a la pérdida de la figura), al abandono, temor al parto
(se sabe que se va a parir pero no se sabe cómo ni de qué modo), "a que el diablo meta la cola" (como castigo por los sentimientos hostiles).
El cuerpo puede transformarse en una vía regia de expresión de la ambivalencia
afectiva, que generalmente aparece con relación al embarazo. Por ejemplo: en determinados casos de vómitos y diarreas a
repetición, podríamos pensar que estos "síntomas" pueden simbolizar una
actitud hostil inconsciente de rechazo; mientras que el estreñimiento y
los antojos expresarían la corriente opuesta, positiva y de reafirmación
del mismo.
Ambas corrientes inconscientes (la de afirmación y la de rechazo), forman parte del "deseo de un hijo". En la medida en que se van
haciendo conscientes dichas fantasías, se va construyendo el "espacio mental" para este futuro bebé a quien, de este modo, se lo va
invistiendo y libidinizando.
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Una experiencia irrepetible
Si bien existen estos conflictos, normalmente va acompañado de un gran sentimiento de
felicidad. La mujer se siente serena, tranquila, e identificada con su ideal de madre y con su hijo bien protegido
por ella. Decía una paciente "...por primera vez siento que no estoy más sola..." Es una
inexplicable sensación de dar y recibir amparo y amor. Dependerá de cada mujer, de su historia personal, su realidad
actual, la contención de su entorno, su pareja, su capacidad de ligar y
elaborar situaciones, lo que determine que pueda dominar la angustia y vivir con plenitud y enriquecimiento esta irrepetible experiencia de vida.
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Bibliografía:
-Sigmund Freud, "Obras completas"; López Ballesteros.
-Marie Langer, "Maternidad y sexo"; Paidos
-Raquel Soifer, "Psicología del embarazo, parto y puerperio"; Ediciones Kaigeman
-Helene Deutch, "La psicología de la mujer" tomo II; Losada
-Thomas Verny y Jhon Kelly, "La vida secreta antes de nacer"
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