El proceso del
parto siempre a sido un momento decisivo para la mujer, ya que aunque esta
continuando la especie humana con un nuevo nacimiento, el riesgo de perder su
vida era latente.
Era una situación peligrosa, un gran
número de recién nacidos no llegaban a nacer y asi como
muchas madres sufrían complicaciones serias que ponían en riesgo su vida. El
parto y las complicaciones del
embarazo era uno de las razones para la baja expectativa de vida de las mujeres
hasta el fin el siglo pasado. Estudios de poblaciones europeas del
siglo XVII mostraban que la oportunidad de una mujer de vivir más de 35 años
era poca y, promedio, sobrevivía a 5 partos.
El siglo XX fué un siglo milagroso,
ya que produjo cambios fundamentales en la practica médica maternas. Estos
cambio cambiaron drásticamente las cifras de mortalidad de madres en el proceso
de parto.
Uno de estos cambio que fué el uso de
hospitales para el proceso de parto, en vez de utilizar el hogar. Esto trajo
consigo el que el obstetra Mauriceau, comenzó la práctica de de acostar a las
mujeres durante el proceso del
parto.
Para aliviar
los dolores de partos se creó en la década del
70 la anestesia peridural. Con éste nuevo ayudante a la mujer se favoreció aún
más el uso de la posición horizontal, ya que la mujer anesteciada perdía
completamente la capacidad de mover sus piernas.
Caldeyro Barcia en sus estudios sobre
la fisiología de la contractilidad uterina, encontró que el caminar durante el
período dilatante mejoraba la calidad de las contracciones, acortaba la
duración del trabajo de parto, y
podía hacer más tolerable el dolor. Estos hallazgos refuerzan el incontrastable
hecho de que la mujer al caminar siente menos dolor y puede tener más control
de sus movimientos, que acostada e inmóvil en una cama. No debemos olvidarnos
además un aspecto pocas veces considerado: la opinión de las mujeres. Toda encuesta efectuada sobre el tema muestra
que las embarazadas que habían deambulado, preferían siempre el movimiento
sobre permanecer acostada.