
El deseo de maternidad es un sentimiento que se manifiesta mucho antes de estar embarazada, ya desde la tierna infancia, las niñas juegan a "mamás y papás" o con las muñecas.
Gracias a los métodos de contracepción, la mujer puede decidir cuándo tener un hijo y cuándo no.
Este deseo consciente puede, sin embargo, ocultar otros deseos inconscientes: manifestar la feminidad, la fecundidad, la identificación con la madre... Estos deseos inconscientes nos lleva a tener en cuenta la ambivalencia del deseo de ser madre.
Todo embarazo, incluso los que se desarrollan con toda normalidad, suscitan preguntas, nervios, angustia y sentimientos contradictorios. No es raro que los padres se pregunten por qué se han embarcado en tal aventura.
BYDLOWSKY señala que "al deseo de que el niño viva, pueden asociarse deseos inconscientes de que no viva". Estos deseos son "normales" pero están ocultos en el inconsciente y pueden dar lugar a una idealización del pequeño o un deseo de protección excesiva.
Cuando una pareja conoce la noticia de su próxima paternidad, se encuentra confrontada a una crisis de identidad (sobre todo la madre). Algunos autores no dudan en comparar esta crisis a la que se vive durante la adolescencia. Para BRAZELTON la futura madre deberá hacer frente a tres etapas importantes durante el embarazo:
Su cuerpo sólo se ve tintado de ciertas molestias propias de los primeros meses (náuseas, vómitos...) Algunas mujeres se sentirán más cansadas y sensibles y tendrán tendencia a abandonar ciertas actividades exteriores para concentrarse en la vida del feto.
La mujer se preocupa de la forma física de su hijo, si tendrá todos los órganos, si estará bien... Los numerosos exámenes médicos que se practicarán a la mujer embarazada podrán darle seguridad.
Para la madre, el futuro bebé ya no es un ser extraño a la familia. Percibe los ritmos de sueño y vigilia del pequeño, se comunica con él a través del tacto...
Esta evolución es importante, ya que el día del nacimiento los padres tendrán que recibir al bebé, a veces diferente de cómo lo habían imaginado, pero en cualquier caso se reconocerán: el bebé reacciona bien ante el olor de su madre, su voz... y el padre sabrá pronto descifrar sus lloros.