Cambios Sicológicos en el Embarazo

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Así como un complejo proceso biológico prepara al feto para la vida extrauterina; la madre se prepara progresivamente para adaptarse a las exigencias y los cambios que traerá aparejado el nacimiento de su hijo transitando por complejos procesos afectivos.

Contrariamente a concebir la gestación como un tiempo de "espera", de pasividad, el embarazo es un período de grandes exigencias, no sólo corporales sino también psíquicas. El conocer los mismos evita a la futura mamá sentirse inadecuada o rara por lo que siente y le permite vivir su maternidad con mayor naturalidad.

Los cambios están determinados por lo que implica el futuro acontecimiento, pero también por importantes modificaciones hormonales que afectan a la mujer en este período. Estos cambios son independientes de si el embarazo fue o no planificado, ya que siempre es necesario un proceso de adaptación cuando se espera un hijo, tanto en la vida de la mujer como de la pareja. Durante los nueve meses aparecen en la mujer períodos de euforia y alegría por estar engendrando una nueva vida; así como preocupación y duda por no sentirse preparada para llevar adelante el desafío de la maternidad.

Es característico una mayor susceptibilidad, en la que se tiende a experimentar altibajos emocionales, pasando con facilidad de la euforia al decaimiento, de la alegría a la tristeza , del buen humor al mal humor. Estos altibajos suelen acentuarse frente a circunstancias adversas, pero también pequeños acontecimientos pueden cobrar una dimensión desproporcionada. Es importante que la mamá sepa que esto que siente no daña el desarrollo del hijo, y que no debe preocuparse si siente por ejemplo la necesidad de llorar.

La preocupación por el ser no nacido, varía en las diferentes etapas del embarazo. En el primer trimestre es difícil concebir la idea de una "personita en formación", por lo que más suele temerse por la continuidad del embarazo, y por la capacidad que se tenga o no de adaptarse a los cambios que traerá el mismo. En el segundo trimestre, donde progresivamente empiezan a percibirse los movimientos del feto y poder verlo en las ecografías, la principal preocupación es saber si su desarrollo será normal. En el último trimestre la posibilidad de imaginar una gran variedad de posibilidades respecto a las características de ese hijo ya formado, hace que aumente la ansiedad por conocerlo, y el temor por la posibilidad que surja algo inesperado o no deseado. Esto sumado a la incomodidad del sobrepeso, hace que aparezcan dificultades para conciliar el sueño.

Simultáneamente aparece la preocupación por sí misma, común a todas las embarazadas, especialmente en el último trimestre de gestación, donde los cambios físicos alcanzan su punto más alto, alterando totalmente el aspecto y las cualidades del cuerpo. Se teme no sólo por la pérdida de un cuerpo conocido, sino también por el efecto que pueda tener esto en la pareja, a quien se teme dejar de agradar. A su vez se percibe la cercanía del parto, como un momento único y distinto para cada mujer, en que se teme por lo que no se puede anticipar. Directamente relacionada con el aumento de la susceptibilidad característica de esta etapa, hay una mayor necesidad de atención y apoyo, que suele manifestarse a través de los antojos. Especialmente la pareja, ocupa un lugar fundamental en el bienestar emocional de la madre.( Ojo, no olvidemos que también los antojos pueden responder a una necesidad del organismo.)

Con respecto a la relación con los padres de la embarazada, puede llegar a haber un acercamiento respecto a lo que fueron otras etapas. Pero cuando la relación ya era conflictiva puede ocurrir, si no se salvan las distancias, que se genere un distanciamiento aún mayor. Entre las personas que cobran también importancia, y con quien se suele tener especial expectativa es con el médico. En el Ginecólogo se deposita toda la confianza, y con quien se tiene gran susceptibilidad, no solo por parte de la madre, sino también del papá.

Se da un aumento de la sensibilidad hacia los cambios corporales; cambios en la alimentación; aumento de la necesidad de dormir. Si bien todo esto esta relacionado con los cambios hormonales, son síntomas que favorecen el ensimismamiento, una tendencia a volverse más hacia sí mismas, hacia aspectos más infantiles que facilitan a la madre el encuentro con el bebé y la comprensión de sus necesidades.