Como ayudar a un niño a lidiar con la muerte de un ser querido

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Cuando tenía 8 años murió mi abuela paterna. No la vi enferma, era una mujer de 60 años fuerte y coqueta. Así la recuerdo hoy, así la recordé siempre.

De repente sin motivo alguno, vi a mi abuelo triste y viviendo en casa.

No fuimos al velorio, no fuimos al funeral.

Mis tres hermanas menores y yo no comprendíamos por qué mi padre ocultaba sus ojos llorosos y prolongaba sus silencios.

Pasaron días, semanas…mi abuelo seguía en casa.

Una tarde fui a la habitación donde estaba él ordenando unas camisas con la cabeza gacha y le pregunté con total naturalidad: ¿Y la abuelita?

Mi abuelo inmediatamente pero con mucha calma dejó de hacer lo que estaba haciendo.

Se paró de pie frente a mí y me dijo con voz dulce pero triste. Se fue de viaje.

Para mí era algo natural irse de viaje. Mi padre era diplomático y viajaba permanentemente.

Lo tomé con total naturalidad. “De viaje? le dije, ¿al cielo?”

Sí, contestó. Y siguió ordenando las camisas con calma y un rostro inmensamente aliviado.

Me quedé sentada allí, haciéndole compañía en silencio. Los niños suelen ser muy sabios y presentí que le hacía falta en ese momento.

A mi corta edad supe que no volvería a verla. Nadie me habló de su muerte. No supe hasta muchos años después por qué y cómo murió.

Aún hoy me duele que no me lo hayan dicho. No los juzgo, no los condeno. Simplemente me di cuenta que es un error evitar hablarles de la muerte a los niños.

Ellos ven la vida y la muerte con mucha mayor sabiduría que los adultos.

Me parece que debemos decirles siempre la verdad, explicarles lo que no entienden, aclarar sus dudas y preguntas.

En la medida de su madurez, de su entendimiento tienen derecho de saberlo. Luego de un abrazo y un consuelo dados con amor pueden cerrar el tema.

Si un niño siente tristeza y la expresa llorando es cuando los adultos, a pesar de nuestro luto, debemos acompañarlos.

La tristeza compartida es menos dolorosa. Los temas conversados nos dejan más tranquilos y evitan heridas abiertas. De adulta comprendí que mi abuelo tenía razón, la muerte es un viaje…largo, pero viaje al fin. Y además, es parte de la vida.


Tenga en cuenta: Tu Maternidad y los materiales y la información que contiene no están destinados a, y no constituyen, asesoramiento o diagnóstico médico u otro tipo de salud y no deben utilizarse como tales. Siempre debe consultar con un médico calificado o profesional de la salud acerca de sus circunstancias específicas.