Como enseñarlos a ir al baño

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Es necesario enseñar al niño como controlar las funciones básicas del cuerpo como lo son la evacuación del intestino y de la vejiga. Enseñar a detectar las señales que el cuerpo manda y la educación de este hábito no ofrece dificultad para el hijo ni para la madre si el aprendizaje se efectúa como es debido. Por lo general, para fines del primer año de vida, el niño aprendió ya a regular voluntariamente sus evacuaciones. Si antes de esta edad, los padres tratan de inculcarle el hábito de evacuar con regularidad, probablemente sea un fracaso y quizá se ocasione al  niño alguna perturbación psíquica subsecuente. Lo más importante de la enseñanza del niño, es que adquiera el hábito de la regularidad en las funciones de eliminación. Si la madre observa y estudia la propensión natural de la criatura, notará que éste evacúa con intervalos bastante regulares. Una opción para crear el hábito es estimulándolo para que evacue de preferencia inmediatamente después de tomar su alimento, a la hora en que generalmente se efectúa una evacuación. Tan pronto como se pueda sentar solo, se le suministrará un asiento o una bacinica  apropiada para su edad, peso y tamaño, de las cuales hay muchos modelos en las tiendas, para que realice la evacuación. Para apoyar la creación de este hábito, la madre hará caso omiso de cualquier contratiempo o alteración y con paciencia, tolerancia y mucho cariño persistirá en sus intentos por enseñar al niño. El dominio sobre la evacuación de la orina debe ser igualmente establecido a su tiempo y sin dificultad, si una sencilla costumbre es persistentemente seguida durante los primeros meses después de que la educación del intestino ha sido iniciada el pequeño puede ser habituado a orinar siempre que se le coloque sobre el receptáculo adecuado. Durante la primera parte del segundo año, cuando comienza a andar alrededor de la casa, es conveniente fijar o señalar una o dos horas del día en las que se le coloque en el retrete, aún cuando no haga nada.  Si esto se lleva a cabo con calma y tranquilidad, el hábito se establece frecuentemente y con gran rapidez. En la última parte del segundo año, cuando el hábito de orinar durante el día está bien establecido, puede comenzarse a establecer el dominio del mismo durante las horas de la noche. Se le quita el pañal al acostarlo y se le inculca la idea de que ya es suficientemente grande para llamar a su madre si se despierta con ganas de orinar. Esta operación debe ser repetida durante dos o tres noches, sin preocuparse de si se obtiene o no éxito. Si el niño sique mojándola cama después de dos o tres intentos, debe aplazarse el ensayo durante dos o tres semana y entonces repetirlo con plena confianza en él y en que si podrá lograrlo. Avergonzar al niño y regañarlo producirá mas perjuicio que beneficios. No debe existir prisa ni enojo, solamente el propósito persistente y tranquilo de convertir estas habituales operaciones en un simple hábito.