El balance correcto entre la disciplina y el amor en la crianza de los hijos

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Sin duda es indiscutible el hecho de que para tener una crianza exitosa con nuestros hijos, la aplicación de la disciplina juega un rol crucial para triunfar en su educación y graduarnos con honores como mamás. Podría resultar muy arriesgado el siquiera pensar que tener un régimen de disciplina a la larga tuviera alguna repercusión en los niños o simplemente tampoco funcionara, máxime en estos días que la educación que se les proporciona a los niños deja mucho que desear. El foco de la situación es, que no es tanto que pueda ser perjudicial el tener un régimen enérgico para los niños. A lo que se refiere es que tu como madre tienes que dar todo, y dentro de ese todo vienen sí la disciplina, sí la educación, valores y buenas costumbres, pero también en ese gran paquete se encuentra el amor, la dedicación y la atención. Estos tres últimos puntos son demasiado importantes, porque no todo van a ser reprendas, no todo es regaños, no todo es tratar de tener un hijo perfecto, porque de entrada también son seres humanos y tienen derecho a equivocarse. Aquí es conveniente el hablar con el pequeño acerca de su falta, de las repercusiones que puede traer esta en el futuro y pedirle que no lo haga nuevamente o de lo contrario cada que incurra en la misma falta, se hará acreedor a un castigo cada vez más severo; sin necesidad de golpearlo, insultarlo ni decirle una sola mala palabra. Esto es parte de la atención que él como tu hijo se merece. La otra parte tiene que ver con la convivencia que tengas con él, qué tanto platica contigo conforme va creciendo, qué tanto juegas con él, qué tanto ves algún programa de televisión con él, con qué frecuencia revisas sus cuadernos o te sientas a hacer las tareas con él (no que tú le hagas la tarea, sino vigilar cómo lo hace y que en verdad termine). Con esto el vínculo que tendrás con tu pequeño será grandioso, pues él crecerá con la idea de que siempre has estado al pendiente de él; no solo cuando había necesidad de regañarlo por alguna falta que haya tenido. Otro punto muy importante es que le demuestres tu amor. Puede resultar difícil si eres de carácter duro o si no eres una persona muy expresiva. Pero debes creer que por tu pequeño vale la pena sino hacer el esfuerzo, cambiar esta actitud. Todos tenemos un sentimiento lindo cuando alguien nos dice cosas bonitas. Con tu hijo es exactamente lo mismo. Si le das un beso, un abrazo, le dices lo mucho que lo quieres y de lo orgullosa que te sientes de él, dejarás una huella bellísima en él reforzando aún más ese vínculo que existe como cuando lo tuviste en tu vientre. Hago mucho énfasis en esto ya que a cuantas mamás podemos escuchar decirle a sus hijos malas palabras hasta el cansancio, insultándolos con palabras como “idiota”, “estúpido”, o cuando el niño tiernamente desea abrazar a la madre, ella lo aleja con un “quítate de aquí que tengo calor”, “encimoso”, “no me abraces, vete para allá”, o acepta el abrazo reflejando en su rostro cierto hastío. Es una tristeza ver las caritas de los pequeños con estas acciones de una madre que se supone que para ella, sus hijos lo son todo. De esta manera nos damos cuenta que debe haber un intermedio entre la disciplina y el amor y que sería un gran error dar mucho amor (de diversas formas) y cero disciplina, así como mucha disciplina y cero amor.