El desarrollo del niño en su primer año

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Las  necesidades del niño durante su primer año, no los deseos de los padres, son las que deben considerarse como importantes y fundamentales durante los primeros años. Es natural el deseo de los padres de abrumar al niño con atenciones, cuidados y cariños, al mismo tiempo que muestran su gran satisfacción por su crecimiento y desarrollo; pero esto no debe ocurrir en detrimento de las normas establecidas, hábitos adecuados y regularidad de sus costumbres tan necesarias para su buena salud. Hay multitud de ocasiones para acariciar y producir alegría a un niño sin sacrificar el orden de su vida. Los padres inteligentes dejan que cada período del desarrollo de su hijo llegue a su debido tiempo y no tratan de adelantarlo sobreponiéndolo a su capacidad física y mental tan solo porque otros niños de su edad están más adelantados que él, como tampoco, tratan de retardarlo.

No debe perderse de vista jamás lo que se refiere a la higiene mental del niño, este desarrollo armónico físico, psíquico y físico-psiquico debe ordenarse sistemática y cronológicamente, aunque algunos pequeños se separen de su curso normal por precocidad o retraso. El adiestramiento más provechoso consiste, no solo en la aplicación de las medidas mas adecuadas, sino también en su aplicación oportuna.

Muchos niños se muestran ansiosos; otros en cambio, están temerosos de enfrentarse con nuevas situaciones y nuevas exigencias; por eso, debe prestarse gran atención a las debilidades e incapacidades de los niños para determinadas operaciones. En general, los niños tienden a aventurarse atrevidamente para llegar a efectuar todo género de cosas por sí mismos, porque desean hacer esto o aquello; tienen igualmente la tendencia, unos pequeños más que otros, a aferrarse a conservar las normas y situaciones habituales ya establecidas y a resistirse a todo cambio o progreso. Esta última tendencia conservadora persiste en los niños a quienes no se anima a tener iniciativas propias.

La madre que obtiene mayor éxito es aquella que sabe lo que razonablemente puede esperar de su hijo y hace lo posible para que él lo logre espontáneamente. También le respeta y sabe, lo que puede esperar de él, de acuerdo a su edad y estado de desarrollo. Es frecuente que muchas madres, temerosas de que pase el período de la infancia, fomenten en sus hijos las costumbres infantiles. Lo que no es adecuado. El niño a quien se trata como a tal más tiempo del debido sigue viviendo un ambiente infantil más del tiempo necesario. Puede la madre evitar esta tendencia si considera, no solo que debe de estar orgullosa del desarrollo de su hijo, sino también que es preciso que éste crezca y sufra los cambios adecuados y normales para su edad.

Una madre debe ser capaz de substituir la primera y deliciosa situación en la cual, su tierno infante depende completamente de ella, por una relación mutua de amor y tolerancia, que se modifica a medida que el niño crece. Y respetar el que sus nuevas realizaciones constituyan para él una alegría y para ella un orgullo, todo depende de una actitud adecuada por parte de la madre. 


Tenga en cuenta: Tu Maternidad y los materiales y la información que contiene no están destinados a, y no constituyen, asesoramiento o diagnóstico médico u otro tipo de salud y no deben utilizarse como tales. Siempre debe consultar con un médico calificado o profesional de la salud acerca de sus circunstancias específicas.