¿Hacemos bien cuando le damos todo a nuestros hijos?

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Sobre todo cuando se ha vivido con ciertas o muchas carencias todos pensamos que no queremos que nuestros hijos padezcan lo que nosotros. Queremos que ellos vivan y tengan todo lo que nosotros no pudimos. Pero ¿hasta qué grado puede ser permisible dar todo a nuestros hijos? Lo que nos pida y lo que no. Dar todo de manera desmedida. Si ya actúas de esta forma, te puedo asegurar que estás cometiendo uno de los errores más graves de tu vida. A veces es sano decir a tu hijo que no hay dinero para obtener cierto privilegio aunque no sea así. Lo recomendable es pedir algo a cambio, algo coherente, aplicar la temática del dar y recibir. Si tu pequeño quiere que el fin de semana salgan al lugar de moda de hamburguesas, hazle saber que lo puede obtener si trae buenas notas en sus cuadernos durante la semana previa. Puedes prometerles una salida al parque de diversiones un sábado, o al cine, siempre y cuando hagan toda su tarea desde el viernes y hayan cumplido con su tarea doméstica, que puede ser algo sencillo: hacer su cama o doblar y guardar su ropa que previamente tú hayas lavado. Con esta actitud no estarás formando personitas convenencieras, al contrario, estarás aplicando correctamente el dar-recibir siendo productivo para todos. De lo contrario, si tu das desmedidamente y sin pedir cuentas de nada, máxime si cuando pides algo tu hijo no obedece, ya comenzaste a echarlo a perder. Cierta mala madre gustaba mucho estar de callejera pero tenía una limitante importante: sus 2 niños. La solución para ella fue más fácil de lo que imaginó: poner a su disposición todo tipo de aparatos electrónicos, PC, laptop, tablet, smartphone. Con esto ella no se preocupó jamás por revisar alguna tarea, la casa siempre es un asco porque ella nunca los acostumbró a que le ayudaran como a su vez a ella nunca la acostumbró su propia madre a apoyar con el quehacer doméstico. El resultado, el chico reprobó 2 veces el año escolar y hoy en día, a sus 17 aún no puede terminar la educación secundaria. Aquí podemos observar el error garrafal de que ella nunca exigió nada a cambio a sus hijos. En vez de pedir cuentas de la educación escolar les proporcionó 2 laptops, 2 smartphones además sin determinar horarios para utilizarlos. Lo que esta mamá obtenía era que, si los pequeños no decían a sus abuelos que ella no estaba en casa la mayor parte del tiempo, como premio podían no asistir a la escuela el día siguiente, solapando así el faltar a la escuela. Otro caso es el de una pareja que, si fueron siempre personas productivas y de bien, con su hija no lograron el mismo efecto que con su hijo mayor. Solo al niño le exigían al principio buen aprovechamiento escolar. Pero ya no dieron continuidad con la atención escolar de ambos cuando mencionaron que ellos no tenían poder para forzar a sus hijos a estudiar el bachillerato. Algo inaudito. En vez de exigir buenas notas y apoyo en las labores del hogar, estos padres premiaban siempre a ambos niños, con viajes dentro de su país y otros al extranjero, ropa y accesorios de moda, aparatos de electrónica y demás. El hijo mayor logró reivindicarse y a pesar de que con ello se acostumbró a hacer siempre su voluntad es un hombre de bien, trabajador y productivo. No así la hija, que desgraciadamente desde que nació se acostumbró a vivir como un parásito. Y está cometiendo el mismo error con sus propios hijos. Por favor, hay que tomar conciencia de qué tanto es lo que ponemos en manos de nuestros pequeños; qué hacen ellos para merecer ese premio y si en verdad amerita cierta actividad el dar un premio. Lograremos evitar muchas cosas malas para el resto de la vida de nuestros hijos.