La importancia de ser padres y amigos de sus hijos

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Mucha gente podría pensar que sería el escenario más idóneo el que nuestros padres fueran nuestros mejores amigos, sobre todo en la afinidad de género donde las mamás se llevan mejor con las hijas así como los papás con los niños. Pero ¿de verdad es malo ser amigo de tu hijo? Esto puede resultar pero hay que saberlo manejar, sobre todo en cuestión de tiempo. El secreto es saber hasta qué momento pasa de ser malo e inconveniente a ser bueno. Durante los primeros años tu hijo está en pleno auge de desarrollar su mente, sus sentidos, sus pensamientos y sentimientos; donde más aprenderá de ti. Es completamente aceptable que en esta etapa juegues con ellos, los atiendas lo más posible de acuerdo a tus tiempos, vigiles sus tareas del kínder, platiques e interactúes con tu hijo porque así reforzarás ese vínculo que te une para toda la vida con él. Pero también viene posiblemente alguna rabieta que debes corregir de inmediato. No debes permitir que crezca. Después viene otra etapa que oscila entre los 8 y 12 años, donde no debes dejar de prestarle atención en ningún aspecto. La educación que le des en estos años también va forjando valores importantes ya que están creciendo, y entienden mucho más el porqué de las cosas. Puedes ser flexible pero sin ser blanda, ya que es la etapa decisiva donde impondrás tu autoridad, al momento de cumplirle cualquier cosa que le hayas prometido, así sea un premio por buena conducta o también un castigo. Pero cuando menos nos percatamos, vemos con cierto temor que nuestro pequeñito ya se convirtió en un adolescente que se te puede salir de las manos, y la velocidad de este acto dependerá completamente de tu educación y atención hacia él en sus primeros años. Siempre se tendrá algún tipo de problema por la edad que ellos están atravesando, pero si hiciste un buen trabajo desde el principio no tienes de qué preocuparte ya que con la autoridad que él ya ve en ti, tarde o temprano obedecerá tus órdenes. En estas primeras etapas en la vida de tu hijo sería contraproducente e inconveniente que te muestres como su amiga. Amigos ya debe tener muchos. Lo que necesita en estos momentos donde su educación se está forjando desde sus primeros años y hasta terminar la adolescencia es una mamá que tenga autoridad sobre ellos. Con esto nos podemos dar cuenta que cada pequeño problema que no atendamos a tiempo en nuestros hijos se irá acrecentando convirtiéndose en una bola de nieve en donde, si tu decidiste ser amiga de tu hijo(a), vas perdiendo poco a poco esa autoridad que tienes para corregirlo. Es más, tú misma puedes no permitírtelo, repitiéndote que no puedes hacerlo, que no puedes con él (ella) y demás pretextos que a la larga lo único que ocasionarás será haber creado un adulto falto de valores, de responsabilidad, de atención, de respeto y hasta de cariño. En conclusión, ¡claro que puedes ser amiga de tus hijos! pero ya que hayas cumplido con tu función de madre, esto es cuando ellos ya hayan llegado a la edad adulta. En esta etapa ya habrás hecho de ellos personas de bien y entonces sí, porqué no disfrutar de una buena charla tomando café acerca de cómo les va en sus vidas, en sus trabajos, con sus parejas, dándoles consejos que te aseguro, nunca saldrán sobrando.