Las promesas que se les hacen a los hijos y sus consecuencias

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El tema de las promesas tiene una gran relevancia en la educación de los niños, repercutiendo en ocasiones en situaciones de la edad adulta. Existe una historia de un psicólogo (de hace algunos años), en la que cuenta de un paciente que le contó que su padre le había prometido traerle un submarino japonés cuando lo dieran de baja del ejército. Este comentario, para el padre, era obviamente un chiste inocente y sin sentido, pero para el paciente (que tenía seis años cuando se le hizo la promesa), representó una de las mayores desilusiones de su vida y de ahí en adelante (a raíz de la promesa incumplida), él menoscabó seriamente la confianza que podría tener en su padre. Esto es un ejemplo de lo que puede llegar a suceder cuando se rompe la promesa que se le hace a un niño, ya que no solo produce la decepción sino que, en general, lo hiere e incluso le produce ira, que muy posiblemente, se verá reflejada mas adelante en su vida. Lo peor de todo es que la promesa rota crea una seria grieta en la confianza que existe entre el padre y el hijo. Existen adultos que habiendo quedado sensibilizados en la infancia por el incumplimiento de las promesas que le hicieron en la infancia, al entrar a la edad adulta, llegaron incluso a intentar el suicidio por causa de promesas incumplidas. Por eso es que jamás debe prometerse algo a un niño a la ligera. Los padres, los abuelos, los tíos, tienen que estar absolutamente ciertos de que podrán cumplir lo que prometen, en el tiempo que lo prometen y con las características que lo prometen. Debido a que sino se está en la posibilidad de llenar estas condiciones, es sumamente imprudente hacer una promesa. Usted, sus padres, sus hermanos, pueden decirle al pequeño, que espera poder hacer tal o cual cosa, en cierta cantidad de tiempo. Y si esto no es así, se tiene que especificar y ser muy claro en que no está completamente seguro de lograrlo o de cumplirlo tal cual lo promete. En esa forma, usted puede seguir compartiendo el placer de hacer proyectos en compañía de su hijo, su nieto o su sobrino, sin los peligros de romper una promesa. Desde luego, si usted puede hacer una decisión concreta, ya sea positiva o negativa, es preferible hacerlo así antes que dejar al niño plantado. O en dado caso que pase el tiempo y usted vea que no es posible cumplir lo prometido, habrá que explicarle al niño el porque no se podrá cumplir lo que se le prometió, asegurándose de que haya entendido las circunstancias que lo han llevado a no cumplir la promesa. El problema de la confianza no estriba simplemente en que el niño pierda la confianza en sus padres, abuelos o tíos. Esta falta de confianza puede generalizarse al grado de incluir al resto de la humanidad. Pueden necesitarse muchos años de una hábil psicoterapia para tratar a una persona que después de repetidos incumplimientos y otras experiencias negativas con sus padres, abuelos o tíos, es incapaz de confiar en nadie, incluyendo en un terapeuta en su edad madura. Recuerde: Las promesas incumplidas tienen un efecto enorme en los niños, así como en los adultos.