Lo que toda mama debe saber acerca del apoyo de los hijos en las tareas del hogar

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Es ampliamente recomendable cuando los hijos ya están en una edad razonable el inculcarles que nos apoyen con alguna tarea en el hogar. Desafortunadamente siempre se va hacia los extremos cuando de lo que se trata es de tener equidad. Durante el siglo XX se daban muchos casos donde el matrimonio aceptaba tener muchos hijos, no había información a la mano sobre planificación familiar, educación sexual e imperaban tradiciones más antiguas. Luego sobreviene el problema de cómo mantener familias de más de 5 niños sobre todo si el papá no es muy responsable u optaba por irse, solo o con otra señora, dejando la mayor parte de la carga a la madre quien busca ayudarse con lo que sea: lavando ajeno, limpiando casas; obligando directa o indirectamente a los hijos mayores a aportar también con los gastos del hogar, y por la falta de recursos fomentando sin querer la deserción escolar llegando con suerte solo a los primeros niveles educativos. ¿Entonces qué sucede? A los hijos mayores los forzan a madurar mucho más rápido haciéndolos ya responsables para la manutención de un hogar cuando apenas están entrando a la adolescencia si no es que desde antes. Otras veces optan por hacer participar al segundo o tercer hijo pero estando a cargo de la casa: quehaceres domésticos, cocinar, cuidar y atender a los hermanos más pequeños, etc. Labores que algunas veces por convicción y otras más forzadas, irremediablemente ejecutaban los 2 o 3 niños más grandes. La situación es que esto no debe ocurrir, no es correcto, no es sano. Puede ser muy benéfico para los pequeños que se hacen responsables madurando muy rápido, ya que en su vida de adultos todo les es familiar y no sienten ese cambio que puede ser brusco para mucha gente. ¿Pero a costa de qué? Sacrifican su niñez, su posibilidad de vivir su vida como cualquier niño normal que juega con sus amiguitos en la escuela, o con sus hermanitos en casa, a la pelota o en bicicleta y con ello la gran mayoría de las veces, su propia felicidad. Con esto no nos referimos a que todo el tiempo deben estar jugando o sin que nadie los moleste. Deben tener responsabilidades pero acordes a su edad. En este caso los únicos responsables son los padres. Este es uno de los tantos errores en los que no debemos caer. La decisión de ser padres fue exclusivamente sólo de la pareja, donde los pequeños aún no figuraban siquiera. En conclusión, no debemos cometer esa irresponsabilidad de delegar prácticamente por completo funciones y obligaciones que son exclusivas de los mayores, de los adultos que se supone que actuamos de manera responsable para brindarles a nuestros hijos una mejor vida de la que nosotros tuvimos, y si los traemos al mundo para apoyarnos en ellos y que nos ayuden a cargar con nuestros problemas, no es justo. Ellos lo harán por amor, o por amor y obligación al mismo tiempo, por convicción, pero debemos procurar que esto no suceda. Nuestros hijos no pidieron venir al mundo, y menos para ayudarnos a resolver problemas que sí les incumben, pero de los cuales no son responsables en absoluto.