Los primeros cuidados al recién nacido

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Los primeros meses de vida de un recién nacido son de un aprendizaje diario para todos los integrantes de la familia y los primeros pasos en el proceso de comunicación. Por eso es tan importante que la madre esté cerca del recién nacido todo el tiempo. Para ir conociendo su propia comunicación. Ambos tendrán que identificar sus sonidos y sus movimientos particulares. Para llegar al momento en que la madre diga: “ese llanto es de hambre”, “ese llanto es de cansancio”, “hace así cuando está entretenido”, etc. Si la criatura nace en una maternidad o en un sanatorio, es común que la madre sea instruida acerca de las normas para el cuidado que tendrá que brindar al recién llegado. Ahí también le informarán que los primeros días, al regresar a su hogar, no han de ser tranquilos para el infante. El pequeñuelo, al venir al mundo, se encuentra en un ambiente completamente diferente de aquel en que ha vivido hasta entonces: la baja temperatura y la luz son dos factores para los que aún no está preparado, lo primero que hay que hacer para habituarlo a este nuevo medio es suministrarle durante las primeras horas el calor y la obscuridad necesarios, colocado en la cuna bien cubierto con mantas, en una habitación poco iluminada y mantenerlo cerca del cuerpo de la madre. Lo mismo sucederá cuando vuelva a cambiar de ambiente cuando vaya a su hogar, porque estará en un ambiente totalmente distinto a lo que hasta ahora conoce y necesitará de su tiempo para acoplarse a todo lo nuevo que lo rodea. Los padres deben procurar no alarmarse a cada pequeña señal de inquietud que el bebé demuestre. Tienen que recordar que para él los ruidos son nuevos y que aún no sabe distinguir que es cada cosa y que por naturaleza reacciona a cada cosa que escucha. Durante los primeros días, el infante tiende a dormir la mayor parte del tiempo, gradualmente, la duración del sueño se irá reduciendo, pero debe permitirse al niño establecer esta reducción por propia iniciativa. El bebé se despertará por instinto cuando esté hambriento o molesto y con ello hace que le prestemos la atención y resolvamos lo que necesita. Si esto no sucede así, se le debe despertar a intervalos regulares para que tome su alimento e irle creando un horario. Para el séptimo u octavo mes, deberá dormir dos largos periodos de algunas horas, uno por la mañana y el otro por la tarde. Y sin interrupciones por la noche durante 12 horas aproximadamente. El momento del cambio de pañales es algo que se tiene que volver rutinario y un ritual para el bebé. Solo así el pequeño se dejará mover y permitirá que lo aseen sin ningún problema, poniendo de su parte para que sea rápido y divertido. Es importante que se establezcan horarios para sus actividad diarias, debido a que su régimen de vida durante el primer año ha de ser tal, que represente una buena iniciación hacia una saludable y alegre niñez.